martes, 24 de marzo de 2015

STEVEN WILSON – HAND. CANNOT. ERASE (2015)


Dos pesos pesados de más de diez minutos situados estratégicamente al principio y al final del disco, “3 Years Older” con un toque muy setentas en voces y guitarras y “Ancestral” un prodigio de electrónica y rock progresivo con un solo de guitarra de tintes épicos, ambos con espacio suficiente para albergar los tramos más metálicos de todo el disco y para dar rienda suelta al virtuosismo compositivo e instrumental de Steven Wilson. Entre ambos un bloque de seis canciones que suenan ligeras y llenas de gancho pop que te llevan en volandas de uno a otro, con espacio para unas melodías que no querrás quitarte de la cabeza, la electrónica y una atmósfera de tenue psicodelia. Este bloque me trae recuerdos de Alan Parsons o del Mike Oldfield más pop, con piezas luminosas como “Hand. Cannot. Erease” o “Perfect Life”, “Routine”, una delicatesen situada a medio camino entre esta misma onda de magia melódica y la densidad y complejidad de los pesos pesados, la vertiente más rítmica y progresivo-psicodélica brilla con fuerza en “Home Invasion”, “Transience” y “Regret 9”. Y antes de la despedida una impagable joya titulada “Happy Returns” pone a prueba nuestros sentimientos y nos deja con su melodía jugueteando entre nuestras neuronas. Dos temas breves abren y cierran el disco a modo de intro y outro respectivamente. La profunda tristeza y la alegría luminosa se sienten al unísono, se dan la mano, se complementan y se apoderan de ti resistiéndose a abandonarte… No quieres que lo hagan, sólo quieres seguir experimentándolo, una vez y otra y otra más… 

Tras dos discazos como “Grace For Drowning” (2011) y “The Raven…” (2013), Steven Wilson ha vuelto con “Hand. Cannot. Erase”. Y lo ha hecho sin repetirse a sí mismo y con el que puede que sea su disco más equilibrado y asequible. Y desde luego, ahora mismo, mi favorito. Un prodigio de melodía lleno de delicadeza pop que no renuncia sin embargo a la complejidad compositiva y a la profundidad del contenido lírico. Una gozada, una masterpiece que no para de crecer…

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