viernes, 28 de noviembre de 2014

UFOMAMMUT – ORO: OPUS ALTER (2012)


Como decíamos ayer, quedaba pendiente una entrada dedicada al segundo de los discos de los que constaba el proyecto “ORO” de los droners italianos Ufomammut para el año 2012… y aunque ese ayer queda ya algo lejos, lo prometido es deuda, y siguiendo con los dichos, más vale tarde que nunca. 

La segunda entrega de ese proyecto, de título “Oro: Opus Alter” y publicada con sólo unos meses de diferencia con respecto a la primera, consta, al igual que aquella, de cinco temas que se suceden sin solución de continuidad entre ellos hasta completar el círculo perfecto en que consiste el proyecto completo de los italianos. De este modo, el final del último tema de la primera entrega enlaza con el principio del primero de la segunda, al igual que el último de ésta hace lo propio con el primero de la anterior, reiniciándose así el proceso de alquimia en busca de la creación de oro que sirve de metáfora para este proyecto. 

Centrándonos en la música y dejando de lado otras cuestiones que podrían llegar a parecer algo pretenciosas cuando no ridículas, hay notables diferencias entre ambos trabajos, lo que sería suficiente justificación para dedicarles entradas independientes. La verdadera justificación sin embargo, reside en que ambos son unos tremendos discazos de drone metal

En esta segunda entrega, manteniéndonos dentro de los esquemas del drone doom de connotaciones espaciales y psicodélicas, se aceleran los ritmos y la música resulta más dinámica y variada –menos “contemplativa”- que en la primera parte del proyecto. A lo largo de todo el disco se palpa una tensión permanente, una electricidad subyacente siempre a punto de estallar sobre la se suceden las continuas subidas y bajadas de intensidad, los ambientes de furia alternados con los de calma o tensión contenida envueltos en atmósferas creadas por los sintetizadores y los efectos de pedal… Pero los riffs son en este trabajo los absolutos protagonistas, hasta el punto de que cabría hablar casi de culto al riff. Riffs en todas sus formas y tamaños que nacen, crecen, se desarrollan, se expanden, se multiplican, se transforman y desaparecen y vuelven a nacer ("Sulphurdew" es el mejor ejemplo). En algunas ocasiones ese crecimiento y expansión son literales, comienza un riff sobrio, desnudo, y poco a poco va ganando en fuerza e intensidad, subiendo un peldaño cada vez y cuando crees que ya has llegado al tope, que ya no cabe nada más masivo que eso, te sorprenden subiendo el nivel aun un punto más… La experiencia de escuchar estas progresiones en un buen equipo puede ser orgásmica, aunque usando el volumen adecuado corres el peligro de no dejar en tu casa un cristal sano… (si a pesar de todo quieres intentarlo te recomiendo que lo pruebes con "Luxon"). Otra diferencia con la primera entrega es que en esta, debido quizá a su mayor dinamismo y variedad, los temas pueden funcionar como entidades independientes, pese a formar parte de un todo completo, de ese círculo perfecto del que hablaba al principio. En fin, creo que podemos dejarlo aquí. Como muestra, “Sublime”, cuarto tema o movimiento del disco, supongo que el momento de la obtención del ansiado y preciado oro en el proceso de alquimia que sirve de hilo conductor del disco.

sábado, 22 de noviembre de 2014

ALICE IN CHAINS – FACELIFT (1990)



Mi primer disco de Alice In Chains fue “Dirt” (1992), vinilo que compré en su día después escuchar ese temazo llamado “Would” en la banda sonora de la película "Singles", y que me pasé un año entero pinchando casi a diario y muy asiduamente durante los años siguientes (en aquella época si para algo utilizaba todo el tiempo libre del que disponía -y era bastante- era para escuchar música)… Claro, estamos hablando de, al menos para quien suscribe, uno de los mejores artefactos surgidos de la prodigiosa década noventera… y en fin, creo que lo que quiero decir es que descubrir a una banda con semejante obra maestra y, visto con la perspectiva del tiempo, también su obra cumbre, no le pone las cosas fáciles al resto de trabajos… Teniendo eso en cuenta, cuando me dirigí a la tienda allá por el año 93 o 94 a hacerme con “Facelift” esperaba disfrutar de un buen o muy buen disco de eso que entonces se llamaba grunge, pero lo que no esperaba era verme tan sorprendido como a la postre me encontré. Y no lo esperaba porque una vez repuesto del choque y el chute que había supuesto “Dirt”, dudaba que el debut que le había precedido pudiera albergar muchas sorpresas. Me equivocaba. Fui doblemente sorprendido: primero por la solidez de todas y cada una de las canciones… aún recuerdo como ese trío inicial formado por la brutal declaración de intenciones de dos minutos titulada “We Die Young”, la absolutamente genial y definitoria de su sonido “Man In The Box” y la adictiva y hard rockera “Sea Of Sorrow” me dejó anonadado y boquiabierto derrumbado sobre el sofá preguntándome si debería darme pellizcos para asegurarme de que lo que estaba experimentando era cierto… porque de verdad no podía creer que ese nivelazo, esa contundencia y esos “cojones” (no sé de qué otra manera decirlo) ya estuvieran presentes de aquella manera en el debut de AIC. Pero lo estaban, y tanto que sí… Lo segundo que me sorprendió, y quizá también lo que más disfruté de esa y sucesivas primeras escuchas, fue comprobar la evolución, el crecimiento y desarrollo que iba de “Facelift” a “Dirt”. Pues efectivamente, si lo que estaba escuchando era un tremendo disco de hard rock/heavy metal con brillantes destellos de originalidad, estaba claro que con el disco que le seguiría la banda había de alcanzar su cumbre creativa explotando y desarrollando al máximo todo aquello que les diferenciaba del resto de bandas de la época, elementos que los hacían originales y diferentes, pero que ya estaban presentes, como una semilla recién germinada y a punto de brotar, en su primer largo. En “Facelift” encontramos el abrumador torrente de voz de Layne Staley, la brutal guitarra de Jerry Cantrell haciendo de auténtico guitar hero, los juegos de voces y las inconfundibles armonías vocales del dúo Cantrell/Staley, los riffs pesados y cortantes y el ambiente oscuro y tortuoso que definen el sonido de AIC, pero el conjunto suena más “clásico” de lo que uno en principio podía esperar después de haberse iniciado con “Dirt”. “Facelift” suena más ligero y es más directo que su memorable continuación, muchos de sus riffs nos suenan conocidos, algunos pasajes sorprenden por su semejanza con otras cosas, las canciones en general son algo menos tortuosas… y no sé cómo explicarlo… pero escuchándolo me venían inesperadamente a la cabeza nombres de algunas bandas de la segunda mitad de los 80 (Faith No More, Guns N’ Roses)... eso es lo que más me sorprendió, tomaban ese sonido que nos había dejado la década anterior para crear algo que sonaba igual pero al mismo tiempo diferente y dar lugar a “Facelift”, el disco perfecto de hard rock/heavy metal para 1990 y punto de partida también de la nueva década y de los cambios que ésta trajo para el rock más pesado… Y en ese aspecto, en esa combinación de sonidos, esa fusión de pasado y futuro… me recuerda también a su coetáneo “Apple”, el genial único trabajo de Mother Love Bone… En fin, creo que me he hecho la picha un lío tratando de explicarme y temo no haberlo conseguido o haber hecho un poco el ridículo… Lo importante al fin y al cabo son las canciones, y si esas tres canciones de inicio antes mencionadas son demoledoras, el disco también tiene vida tras ellas y no hay ni una sola canción de la que uno no pueda disfrutar como un poseso… y así tenemos a “Bleed The Freak”, “I Can’t Remember”, esa especie de inmenso blues torturado y claustrofóbico que es “Love, Hate, Love”, “Put You Down” con su adictivo aire funky, presente ya en algún pasaje de la anterior “Sunshine”, canción que representa a la perfección esa fusión de pasado y futuro que eran los AIC de 1990, “Confussion”, que parece como el ensayo de lo que en “Dirt” sería la enorme “Rooster” o “It Aint Like That” donde ya entran de lleno en ese futuro cercano, como ya sucede en las antes mencionadas “Man In The Box” o “We Die Young”… En fin, que aunque “Dirt” siempre será mi disco favorito de Alice In Chains y también de mis favoritos de aquella década, a “Facelift” no lo tengo en mucha menos estima, con él se empezó a forjar una leyenda que ha dejado el nombre de Alice In Chains grabado para siempre en la historia del Rock and Roll… Y es un disfrute de principio a fin. Como el siguiente documento, por cierto, que aunque algo largo, es para verlo de una sola y disfrutar así de una banda a pleno rendimiento, llena de fuerza y creatividad y a punto de comerse el mundo. También es el reflejo de una época inolvidable para el R’n’R. Señores, con ustedes… 

¡Alice In Chains, Live Facelift, Seattle 1990!


lunes, 17 de noviembre de 2014

LEARNING HOW TO LIVE


Pues sí, voy a seguir una entrada más dándome cariño a mi mismo con canciones que a lo largo de los años han llegado a significar algo más que una simple buena canción que llevarme al oído; canciones que me han acompañado, arrullado y acariciado haciendo de esos momentos algo especial y dejando tras de sí un recuerdo, un sentimiento, una emoción que vuelve a mí cada vez que las escucho.

En lo que a mí respecta, Lucinda Williams es especialista en dejar canciones así, que le acompañan a uno y siempre las escucha con algo más que agrado. Sé que "West" (2006) no se cuenta entre los mejores trabajos de nuestra querida Lucinda, es un disco con altibajos, incluso fallido, pero no exento tampoco de momentos para el recuerdo. Uno de ellos es sin duda "Learning How To Live", canción de la que me enamoré nada más escucharla y culpable además de que mis hijos, desde muy temprana edad, se aficionaran a la música de la de Louisiana o, como decía mi hija en aquella época cada vez que me pedía la canción, "la de la voz roquita"



Canción:
"Learning How To Live" - Lucinda Williams (West, 2006)

jueves, 13 de noviembre de 2014

SHE BOUGHT A TICKET ON THE CENTRAL LINE...


Pertenezco a esa generación de aficionados a rock and roll que descubrió (y sucumbió) a Sprinsgteen con “Born In The USA”, le acompañó hasta “Tunnel Of Love” y se pasó los siguientes veinte años esperando un trabajo digno de su leyenda… Perdida ya casi toda esperanza se dedicó desde entonces a disfrutar, profundizar y valorar todavía más lo que el hombre, el amigo, el confidente, el hermano mayor -el genio y la leyenda- nos había regalado a lo largo de sus dos primeras décadas de carrera… Supongo que nunca podremos estarle lo suficientemente agradecidos por ello. 

“Born In The USA” siempre será un disco intocable para mí por lo que significó de descubrimiento… En todas sus canciones encuentro un recuerdo, un sentimiento, un instante vivido… “Downbound Train” siempre tuvo algo especial, no sé qué es… quizá sea esta intro tan sencilla pero al mismo tiempo tan irresistible que te sumerge instantáneamente en la canción y en la historia que cuenta… La primera vez que escuché el vinilo me levanté para volver a colocar la aguja al principio de la canción… Y así hasta ahora.











Canción:
"Downbound Train" - Bruce Springsteen (Born In The USA, 1984)

martes, 11 de noviembre de 2014

AS LONG AS THE STARS ARE ABOVE YOU...

La otra noche vi una película británica bastante reciente… buenos actores, divertida, romántica, sin demasiadas pretensiones… en fin, lo llamaría buen cine británico si hubiera quedado sólo en eso… Pero no fue así, contaba además con la presencia de la siempre deliciosa Rachel McAdams (confieso que es una debilidad), y encima, como si eso no fuera suficiente para tenerme contento y enganchado frente al televisor, la música también era de primera (algo habitual en el cine británico). Para colmo de bienes, el tema principal de la película era una sencilla, romántica y hermosísima canción de The Waterboys por la que siempre he sentido una debilidad aun mayor que la que siento por Rachel McAdams… “Vaya, así cualquiera te cautiva con una peli”, recuerdo que pensé… Está claro que me tocó la fibra… y además me recordó que ya era hora de regalarle a mi blog “How Long Will I Love You?” de The Waterboys.


Y es que todos tenemos canciones que de una manera u otra, nos tocan la fibra, se nos quedan pegadas y nos acompañan a lo largo de toda nuestra vida. En mi caso, esta es una de esas canciones. 



Empezaré diciendo que siempre me han gustado The Waterboys, pero no me considero un gran seguidor de la banda de Mike Scott, ni siento por ellos la pasión que sienten algunos… aunque puedo entenderla perfectamente. Mi discografía se reduce a lo más típico, es decir “This Is The Sea” y “Fisherman Blues”, vinilos adquiridos durante su etapa de apogeo a lo largo de los años 80. Y no, ni siquiera tengo el “Room To Roam” (1990), al que pertenece esta joya de letra imperecederamente romántica... Sé que algún día le pondré remedio.

Recuerdo perfectamente la primera vez que la escuché. Creo que era el año 91, en esa época estudiaba en Barcelona y vivía en un colegio mayor. Una noche estaba estudiando, y como siempre, lo hacía con la radio puesta. A veces era Radio3 y a veces otra emisora. Había una emisora en la que a partir de las diez u once metían una cinta de música ininterrumpida y prescindían de locutor, lo que era un alivio. Y la verdad es que en general ponían música bastante buena y de todas las épocas… tanto que una temporada me aficioné a escucharla con una cinta de noventa lista para grabar. Normalmente tenía la grabadora en REC, y si la canción que había empezado no me interesaba, ponía pausa y volvía atrás preparado para pulsar de nuevo el REC al terminar la canción… Debo conservar todavía unas siete u ocho cintas grabadas de esa manera… Y sí, es obvio que de esa manera estaba más pendiente de la grabadora que de los apuntes que debía estudiar, pero bueno… cada uno tiene sus prioridades… En fin, aquella noche estaba en esas labores cuando de repente comenzó esta canción; evidentemente dejé correr la cinta… En seguida reconocí la voz de Mike Scott y supe también que aquella romántica y deliciosa canción no estaba incluida en ninguno de mis dos discos de The Waterboys, pero no tenía ni puta idea de si era antigua o reciente… La cuestión es que me cautivó y atrapó al instante y no ha dejado de hacerlo hasta el día de hoy… y sin embargo, aunque varias veces pensé en hacerlo, tampoco me lancé al día siguiente ni en los días y años posteriores a la tienda de discos a averiguar a qué disco de The Waterboys pertenecía… y no lo supe hasta que bastantes años más tarde me adentré en la era de Internet… En fin, por eso digo que no me considero un buen aficionado de The Waterboys, y sin embargo, la cinta que grabé aquella noche, gracias a esa canción ha sido tal vez de las cintas que más he escuchado en mi vida (cabría mencionar que la acompañaban otras joyitas como el “Come Into My Life” de Jimmy Cliff, entre otras). En fin, de cualquier modo siento un gran respeto y un gran aprecio por The Waterboys, y leyendo lo compartido por algunos compañeros blogueros he aprendido también a vislumbrar la magia que habita en ellos… Sé que algún día esta canción (y su disco) pasará a formar parte de mi colección física, como ya forma parte de esa otra colección que uno lleva grabada en su bagaje sentimental...



Canción:
"How Long Will I Love You?" - The Waterboys (Room To Roam, 1990)

domingo, 9 de noviembre de 2014

TALKING ABOUT THE PASSION...


"Se me fueron las palabras. Pensé en el título de la entrada, di con la foto adecuada, pensé en lo que me transmitía la música que estaba escuchando, imaginé líneas y frases con las que describirla, encontré los vídeos de las canciones que quería poner, me senté frente al teclado y… nada, nada de nada. No sentía absolutamente nada, ni tenía nada qué decir. Estaba en blanco, sin palabras y por un momento llegué a temer que incluso sin sentimientos. Frío." 

Sí, esto era el primer párrafo de la entrada anterior. Lo que siguió a continuación no era lo que había escrito en el texto original, al final decidí cambiarlo por unas palabras balbucidas a duras penas sobre las bandas de las que me había empeñado en hablar... Pero lo que escribí en ese texto mutilado era lo que realmente sentía en el momento de escribir... y bueno, no está mal a veces expresar lo que uno siente... aunque sea un sinsentido. Así decía:

"Me jodió. No es bueno hacer entradas porque sí. Lo considero una especie de timo, un fraude. Uno tiene que escribir porque lo siente, lo siente… no se trata de cumplir un trámite, cubrir un expediente ni mucho menos de dar lecciones a nadie… “mira cómo molo, mira cuánto sé”… a la mierda. Si uno escribe entradas sobre música es porque siente esa música, y lo siente tanto que necesita contarlo, compartirlo… passion is not ordinary word... algo que a veces olvidamos… si no fuera por el ejemplo de algunos contadísimos blogueros. Lo importante es la pasión y el sentimiento que pones en lo que haces. No hay más.

Capto al toque cuando una entrada o un blog carece de eso. Instantáneamente dejo de leerlo. Y es que al final uno se da cuenta de que no sólo busca música, no busca lecciones (aunque aprenda mucho moviéndose por la blogosfera), lo que busca realmente es pasión... autenticidad detrás de lo que uno lee. Si no hay eso, todo se convierte en un jodido fraude. Supongo que ese es el significado de la palabra auténtico: todo lo que tiene detrás verdadera pasión, lo que está hecho con sentimiento, sin imposturas, sin querer aparentar ni demostrar… lo haces porque te lo pide el cuerpo, lo necesitas, es algo casi fisiológico; si se trata de escribir sobre música, la música no puede ser el instrumento sino el fin. La música es lo que motiva que estés ahí haciendo lo que haces, no tu afán de notoriedad o de ser escuchado o de que alguien te preste atención de una puta vez aunque sea en un mundo ajeno a tu verdadera realidad… si son esas las cosas que te mueven, da lo mismo que hables de música, de fútbol o de cocina… No me interesa. 

Quizá este blog ha dejado de ser auténtico, no lo sé, puede que me haya convertido también en un timo… Sólo sé que hay una diferencia fundamental de cuando empecé el blog a ahora: antes era la música la que me buscaba para compartirla en el blog, era ella la que me lo pedía a gritos, me lo exigía… ahora soy yo el que tiene que buscar la música sobre la que hablar… Y hablando de hablar, antes me encantaba hablar de música, compartir experiencias, encontrar personas con mis mismas inquietudes, concordar o discrepar con otros blogueros, recibir sus comentarios y dejarles los míos… ahora esa inquietud, ese gusanillo, parece haber desaparecido, ya no espero comentarios, apenas los dejo… ha dejado de interesarme. Antes leía muchos blogs… eso es historia, hace ya un par de años que me aburre la mayoría de lo que leo y casi he dejado de hacerlo… todo me parece una sucesión de lugares comunes con muy poca alma, nula sorpresa y escaso interés… Siempre los mismos nombres, los mismos tópicos… ¡coño, ya sé quiénes son los más grandes! ¡No necesito estar leyéndolo o hablando de ello cada día!... O aquellos que parecen un boletín de noticias, aniversarios y defunciones... Pues vale, estás al día... me alegro por ti, tío... ¿qué más puedes decir? O esos blogs que son tan... "eruditos" que resulta casi un milagro encontrar de vez en cuando algún nombre sobre el que puedas dejar una opinión… ¿Qué vas a comentar ahí “No lo conocía, que interesante, cuánto sabes, qué bien escribes, voy a escucharlo...”? Bueno, eso es lo que hacía antes… pero llega un momento en que resulta algo cansino… la verdad... Está bien conocer cosas nuevas, no quedarse en lo mismo… pero coño, no me trago que haya mucha pasión detrás de todo eso... No sé, puedo estar equivocado, y parte de la culpa debe de ser mía, al fin y al cabo, si uno pierde la pasión, la pierde por todo cuanto le rodea, no sólo por lo que hace… 

Y a pesar de todo me sigue molando tener un blog de rock and roll, qué coño. Y sí, me gustaría seguir haciendo entradas, escribiendo sobre música, compartiendo bandas y canciones… Hasta son bienvenidos con gusto los comentarios, aunque haya dejado de esperarlos… Siempre he hecho mis entradas sobre la marcha, según me lo pedía el cuerpo, y no quiero que eso cambie... Hace años que tengo entradas bulléndome en la cabeza sobre discos o canciones que me han marcado, pero que, llegado el momento de plasmarlas en la pantalla, me da pereza abordar... demasiadas cosas que plasmar, quizá, no sólo música... Por contra llevo los últimos dos años más centrado en el metal y en cosas nuevas dentro de esa onda que antes no escuchaba… Sé que son cosas que interesan a muy poca gente, pero de algún modo me motivan algo más, aunque, por el contrario, mis entradas sobre ello carecen de la pasión de las de antaño, quizá porque no van acompañadas de la carga nostálgica de aquellas… Quién sabe, quizá esto deje de ser en realidad un blog de música y se convierta en uno de “escritura más o menos creativa” sobre música, ni puta idea… ni siquiera sé lo que esto significa...

Esto empieza a desvariar… Tenía ganas de hacer una serie de entradas sobre algunos de los discos de black metal que más me han gustado este año aderezadas además con fotos de tías buenas en esa onda ¿por qué no? (parece que existen, aunque sean modelos contratadas). Y quizá algo parecido sobre doom y sobre prog (sin nada de tías buenas)… E iba a publicar listas con mis favoritos del año… en fin, la verdad es que siempre me han aburrido las listas, pero donde no hay pasión eso es lo que queda: listas. Y este 2014, también hay que decirlo, la verdad es que se presta a ello con el nivelazo que trae, está siendo un año de puta madre a nivel musical, más incluso en el apartado no metálico… es impresionante la cantidad de excelentes discos que han salido y siguen saliendo… Pero esto está resultando demasiado agotador, estar al día quiero decir… Creo que pronto me voy a encerrar a disfrutar de lo conocido hasta ahora… Me cansé de conocer cosas nuevas… Me cansé también de buscar la pasión perdida y de escribir sobre ello…" 

De lo que no me he cansado todavía es de escuchar esta canción…



Canción:
"Talk About The Passion" - R.E.M. (Murmur, 1983)

martes, 4 de noviembre de 2014

ATMOSPHERIC POST


Se me fueron las palabras. Pensé en el título de la entrada, di con la foto adecuada, pensé en lo que me transmitía la música que estaba escuchando, imaginé líneas y frases con las que describirla, encontré los vídeos de las canciones que quería poner, me senté frente al teclado y… nada, nada de nada. No sentía absolutamente nada, ni tenía nada qué decir. Estaba en blanco, sin palabras y por un momento llegué a temer que incluso sin sentimientos. Frío.

Quería hablar de dos discos con ciertas similitudes que he estado escuchando bastante en los últimos tiempos. Ambos provienen de tierra altas de Europa, regiones de clima duro, frío, quizá inhóspito… donde las cumbres de las montañas son azotadas por el viento y sus desiertas playas barridas por el mar embravecido. Tierras que, aunque quizá no haya mucho de cierto en ello, personalmente me gusta imaginar poseedoras de cierto misterio y misticismo, llenas de antiguas leyendas que nos llevan a tiempos muy lejanos… También tierras ante cuya naturaleza imponente el hombre empequeñece… Todo ello de algún modo creo se puede captar escuchando la música que quería comentar… hasta que quise hacerlo y me quedé sin palabras. 

Quería hablar de dos bandas, Falloch, de Escocia y Sòlstafir, de Islandia, que este año han publicado sendos trabajos de post rock o post metal melódico -melódico es aquí el adjetivo fundamental- que probablemente salgan en algunas de las listas de lo mejor del año metálico. La belleza que ambos desprenden puede llegar a ser hipnótica y adictiva, aunque a mí, particularmente, me toca un poco más la fibra la música de los primeros. Al hablar de post rock o post metal debemos hacerlo en sentido muy amplio, pues en ambos discos se aprecia la influencia de otros estilos, pero siempre al servicio de un conjunto homogéneo de atmósfera envolvente. En el caso de los escoceses Falloch, por ejemplo, el uso puntual de una "tremolo guitar" (¿cómo traducirlo en español, por cierto, guitarra trémula, tremolante, temblorosa...?) revela la influencia del black metal, sin que su música pueda considerarse en absoluto black metal, lo que unido a ciertos elementos folk, puede hacer que su sonido nos recuerde en ocasiones Agalloch (aunque en otros momentos puede ser Tool u otro el nombre que se me venga a la cabeza…); y en el caso de Sòlstafir su sonido puede acercarlos por momentos al shoegaze. En ambos, el drone, el doom, el ambient y el prog en la estructura de algunas canciones son también influencia importante que enriquece el conjunto sin que pueda sin embargo adscribirse a ninguno de esos estilos. Post metal atmosférico –atmósfera que envuelve al oyente- puede ser pues un buen modo de referirnos a la música de estas bandas, sin darle a esa etiqueta mayor importancia que la de una mera aproximación descriptiva. Mejor en todo caso hablar de buenas canciones- aunque no me parezcan discos perfectos-, y de épica, de intensidad y de melodía, de fuerza y delicadeza… y de algún modo también de ecos de una naturaleza imponente alumbradora de mitos ancestrales. 

En fin, parece que al final hallé algunas palabras, las suficientes para cubrir el expediente. Algo es algo. Pero yo sigo en busca del sentimiento, de la pasión perdida… Aunque esa ya es otra historia.





Canciones:
1. "Torradh" - Falloch (This Island, Our Funeral, 2014)
2. "Otta" - Sòlstafir (Otta, 2014)