miércoles, 30 de abril de 2014

SLOWDIVE - SOUVLAKI (1993)




Mis antecedentes
Como dije de pasada en una reciente entrada dedicada al actual renacer del shoegazing, mi relación con Slowdive no comenzó demasiado bien. En aquellos últimos ochenta y primeros noventa los prejuicios de uno, que estaba pasando de la adolescencia a los veinte haciendo gala de una necedad e ignorancia dignas de rubor, aunque propias de la edad (espero), frente a todo lo que no sonara verdaderamente roquero (según sus estrechos parámetros) o suficientemente duro, le hicieron desechar alegre y temerariamente toda una serie de discos, bandas y estilos que sólo muchos años después, libre ya de unos cuantos prejuicios, sería capaz de valorar y disfrutar debidamente. Una de esas bandas fue, como digo, Slowdive, a quienes en su día recuerdo que oía nombrar de vez en cuando en Radio3, y digo deliberadamente “oía nombrar”, que no “escuchar”, pues su música había sido rápidamente etiquetada por mi subconsciente como “mariconada sensiblera y aburrida”, sin que le prestara desde ese momento mayor atención. 

Con el tiempo, afortunadamente, las cosas cambiaron. Neil Halstead y Rachel Goswell cerraron el capítulo de Slowdive (hasta este 2014) y comenzaron el de Mojave 3. En 1995 publicaron “Ask Me Tomorrow” y un par de años más tarde escuché por primera vez “Mercy”, temazo incluido en ese trabajo… A partir de ahí todo cambió, me hice seguidor de esa nueva banda y empecé a volver la vista atrás… hacia la antigua. Quizá me había equivocado



El disco
Y tanto que sí. Acercarme a “Souvlaki”, aun diez años después de su publicación, fue una bendita rectificación, la necesaria reparación de un error por la que no dejo de felicitarme cada vez que sus canciones acarician mis oídos. Hablar de shoegaze y dream pop para describir su música es acertado, al igual que hacerlo de melodía con mayúsculas, de armonías vocales, de paisajes de ensueño, de oscuridad y elegante psicodelia, de pop en el mejor sentido, de minimalismo y coqueteos con la electrónica, de “Alison” y “Machine Gun” y “40 Days” y “Here She Comes” y… diez canciones perfectas y sin desperdicio para soñar y levitar… También se podría decir que escuchar hoy esos diez cortes de pop oscuro y preciosista es sumergirse en un viaje de idas y venidas a través del tiempo en el que tan pronto se puede rememorar la Velvet Underground como los Everly Brothers, a la par que comprobar que “Souvlaki” es también la fuente de cuyas preciosas aguas beben en la actualidad algunas de las más prometedoras bandas responsables del nuevo shoegaze, como Nothing o Whirr, del mismo modo que en sus sobrios y elegantes acercamientos al ambient y la electrónica no es difícil sorprenderse de repente evocando a los exquisitos Chromatics, con quienes comparten, con veinte años de diferencia, oscuridad y pasión por la melodía, además de texturas y ambientes minimalistas. Sí, los años noventa fueron años de grandísimos discos, algunos por todos conocidos, otros no tanto, y otros que pasaron desapercibidos para la mayoría. Creo que "Souvlaki" pertenece a estos últimos, y va va siendo hora de reivindicarlo como se merece (más ahora que la banda se ha vuelto a unir).



La anécdota
Supongo que casi todos los discos, por lo menos los que antes comprábamos en formato físico, tienen su anécdota en la experiencia personal de cada uno. La de este disco temo que es bastante bizarra y está relacionada con los gustos extremos y dispares de quien esto suscribe, por eso la voy a contar: resulta que por la misma época en que decidí acercarme a Slowdive, había decidido también hacer lo propio con otra banda que practicaba un género... digamos… algo diferente, me refiero concretamente a Morbid Angel y su disco del mismo año “Covenant”, sí, habéis leído bien, el caso es que ya me tenéis durante un par de semanas alternando incansablemente la escucha de ambos trabajos, pasando sin solución de continuidad de la pura relajación contemplativa al éxtasis más extremo y cazurro… como para no olvidarlo. En fin, la cosa es que desde entonces no puedo dejar de asociar la escucha de “Souvlaki” con la del disco de los de Florida… Pero eso sí, debo decir que el disco de Halstead y Goswell se lleva de calle al de Azagthoth y Sandoval (quizá si se hubiera tratado de “Blessed Are The Sick” otro gallo cantaría...). Y yo me acabo de dar el gusto impensable de colocar un enlace a Morbid Angel en una entrada sobre Slowdive… Olé mis huevos.

viernes, 18 de abril de 2014

A BURIED SUN...

Por aquí siguen resonando los ecos metálicos del excelente 2013, del que In Solitude fueron protagonistas importantes. Aquí tenemos una interpretación de la intensa y claustrofóbica "A Buried Sun" desde el castillo de Uppsala... en lo que parece, muy acorde con su título y sonido, una mazmorra del mismo...



Canción:
"A Buried Sun" - In Solitude (Sister, 2013)

lunes, 14 de abril de 2014

OPETH - GHOST REVERIES (2005)




Sigo con mi semana Opeth y voy con el que ahora mismo creo que es mi disco favorito de los suecos… y quizá también el mejor. En “Ghost Reveries” se muestra en todo su esplendor el resultado de años de progreso, crecimiento y aprendizaje de la banda, plasmado en canciones ricas en matices y texturas, complejas en estructura, y gloriosas en sonido, en las que la variedad, sin que ello suponga en absoluto dispersión, es la nota dominante. A lo largo de sus ocho canciones, el disco guarda un equilibrio perfecto entre la vertiente extrema de la banda y una vertiente progresiva que ha ido ganando peso disco a disco hasta hacerse casi dominante, lo que se aprecia claramente en la incorporación de teclados y mellotrón como instrumentos protagonistas, así como en el tratamiento de las guitarras y, especialmente, en la rica gama de voces limpias que maneja Mikael Åkerfeldt, en las que supongo se nota su crecimiento y aprendizaje junto Steven Wilson a lo largo de los tres discos anteriores. En este sentido es llamativo el caso de temas como “Isolation Years” y “Hours Of Wealth”, en los que se nota que Mikael se gusta al cantar y nos lo quiere hacer notar (si bien en el anterior “Damnation” ya había dejado muestras claras de su talento). Y todo ello sin que sus death growls pierdan ni un ápice de pegada, por cierto, aunque su presencia en este trabajo sea menor que en ocasiones anteriores. El resultado de todo ello es un disco equilibrado y diverso en el que a la furia de canciones como “Ghost Of Perdition”, de la sección inicial de “The Baying Of The Hounds” o de la intermedia de “The Grand Conjuration”, se unen canciones y pasajes de exquisita belleza y delicadeza (los dos temas citados al principio, y secciones de casi todos los demás), y en el que conviven pasajes de tintes jazzísticos (la sección intermedia-final de “The Baying Of The Hounds”, cierto deje en “Hours Of Wealth”) , atmósferas de black metal, ritmos y ambientes que parecen traídos del medio oriente (chocante el riff inicial de “Beneath The Mire”, absolutamente hipnótica “Atonement”) y otros claramente progresivos y experimentales (especialmente el final de “Beneath The Mire” y toda “The Grand Conjuration”). Las canciones son en la mayoría de casos de gran duración (cuatro de ellas por encima de los diez minutos) y con estructuras complejas y cambiantes que no dejan de sorprendernos mientras buceamos entre los furiosos riffs de guitarra y la demoledora batería, y las diferentes y variadas atmósferas creadas por teclados, órgano, mellotrón, guitarras acústicas, percusiones varias y toda la gama de voces de Mikael Åkerfeldt. Por encima de todo, estamos hablando de grandes canciones, varias de ellas entre lo mejor del repertorio de Opeth, que hacen de “Ghost Reveries” un disco para disfrutar de principio a fin y al que, venciendo algunas reticencias, se puede acercar cualquier amante del rock progresivo sin ser necesariamente aficionado al metal extremo. 

Y si abría la entrada con “Isolation Years”, la canción más corta, melódica y cristalina del disco (además de una joya de triste e infinita melancolía), la cerraré ahora con “The Grand Conjuration”, sin duda la más progresiva del mismo (unid a esta dupla “Harlequin Forest”, a la que dediqué la anterior entrada, y tendréis una idea aproximada, aunque no completa, de la riqueza, variedad y calidad de este trabajo).

sábado, 12 de abril de 2014

HARLEQUIN FOREST... LIVE




Canción:
"Harlequin Forest" - Opeth (In Live Concert at the Royal Albert Hall, 2010)
(from Ghost Reveries, 2005)

martes, 8 de abril de 2014

UNAS PALABRAS SOBRE OPETH Y MUSICA PARA ILUSTRARLAS


Probablemente la cumbre creativa de Opeth se sitúe en el periodo que va desde la publicación de “Blackwater Park” en 2001, primera de sus tres colaboraciones discográficas con Steven Wilson en su faceta de productor, hasta la publicación de “Ghost Reveries” en 2005, ya sin la colaboración de aquél. A lo largo de este periodo los suecos publican cuatro trabajos que suponen su definitiva consagración, mostrando a una banda llena de inspiración, en plena madurez creativa y sonora y que funciona a pleno rendimiento, colocándose, en mi modesta opinión, como la mejor banda en su género. Dicho esto, hay que decir también que en los discos anteriores a esa etapa de consagración la banda ya había mostrado el enorme potencial que el tiempo sólo se encargaría de confirmar. Su debut de 1995, bajo el título de “Orchid”, ya había dejado bastante claro que Opeth eran una banda única dentro la escena del death y black metal del norte de Europa, generando unas expectativas que se confirmarían sobradamente con la publicación de sucesivos trabajos en los que la banda hacía gala de un crecimiento imparable. De todos esos discos, siento especial predilección por “My Arms, Your Hearse”, el tercero de su carrera, publicado en 1998 y en el que creo que se produce el definitivo despegue de la banda a otra dimensión en el mundo del metal extremo, el auténtico salto de calidad que sin duda les catapultaría hacia la cima que después alcanzaron y que no me extrañaría hubiera sido el también disco que, quizá junto con su continuación al año siguiente, “Still Life”, llamó la atención Steven Wilson para unir fuerzas y propiciar todo lo que llegó después. 

Para que podáis apreciar de qué estoy hablando, y como estoy generoso, os dejo con un par de canciones de este fantástico “My Arms, Your Hearse”. Primero la dupla “Madrigal” / “The Amen Corner” (la primera a modo de breve intro instrumental antes de la entrada feroz y adictiva de la segunda) y después la que es su continuación en el disco y probablemente el mejor tema del mismo, la salvaje “Demon Of The Fall”. Sirvan también estas canciones, de paso, para ilustrar el por qué pienso que Mikael Åkerfeldt es el mejor y más versátil vocalista de toda la escena del metal extremo (y eso que lo mejor estaba aun por llegar... y de qué manera). En fin, si no controlas a Opeth y aún estás dispuesto a seguir adelante, prepárate para pasar unos minutos en compañía de una de las mejores bandas, sino la mejor, de la fucking history del metal progresivo.

viernes, 4 de abril de 2014

DE NUEVO ATRAPADO POR MARISSA NADLER





















Aun en medio de esta guerra felizmente drogado en la que me hallo inmerso encuentro tiempo para escuchar otras cosas. Si esa cosa es además el último trabajo de Marissa Nadler, saco el tiempo de donde haga falta. En “July”, la presencia de un productor curtido en los sonidos del metal extremo hace que, junto a las canciones desnudas de folk gótico a las que la bella bostoniana ya nos tiene acostumbrados (aquí destacan gemas de sobria e irresistible belleza como “Firecrackers”, “Holiday In” o “Nothing In My Heart”) convivan otras dotadas de nuevas texturas que renuevan y enriquecen su ya de por sí hipnótico y cautivador sonido. A este último caso pertenecen exquisiteces como “1923”, “Desire”, “I Got Your Name” o “Was It A Dream”. Manteniendo un perfecto equilibrio entre ambas tendencias, “Drive” y “Dead City Emily” son ideales para transitar la soledad de una carretera perdida sobre la que se ciernen negros nubarrones.

Puede que los discos de Marissa Nadler no sean perfectos (aunque nunca están lejos de serlo), pero de una manera u otra la bella cantante de Boston siempre se las arregla para cautivarme y terminar poniéndome rendido a sus pies, o mejor dicho, rendido a la oscura belleza de sus composiciones, los fraseos de su guitarra y su siempre sinuosa, susurrante y embriagadora voz. Y en este caso también a esos nuevos arreglos y texturas que, combinados con los anteriores elementos, hacen de la escucha de “July” un verdadero placer. Otro trabajo exquisito para disfrutar sin prisas… es Marissa Nadler. 

Y esta canción es “Was It A Dream”… Seguimos perdidos en un sueño.




Canción:
"Was It A Dream" - Marissa Nadler (July, 2014)