lunes, 31 de marzo de 2014

¿SPRINGSTEEEN? ¡NO, THE WAR ON DRUGS!

Todo el último disco de The War On Drugs es maravilloso, pero lo de esta canción tiene delito. ¿Hay algún fan de Springsteen por ahí? Pues que pulse play y disfrute de algo que Bruce no ha facturado en los últimos 20 años (lo sé, quizá me quedo corto): una canción memorable. A Bruce le diría que si a estas alturas todavía aspira a seguir sonando bien pop y bien cool (o eso es lo que parece a juzgar por lo que publica), que escuche a estos alumnos aventajados y se aplique el cuento… De lo contrario que nos deje descansar de él por un muy largo tiempo, que descanse él también, que aclare sus ideas… pero sobre todo, por favor, deja de publicar mediocridades como churros que no hacen más que empobrecer un legado que en otro tiempo fue inmaculado… que ya empiezo a estar hasta el gorro de ti y de todos los que siguen hablando de ti… como yo, ups

Este temazo va para canción del año por estos lares. Ese comienzo… ¡Dios, qué comienzo! 




Canción: 
“Burning” – The War On Drugs (Lost In The Dream, 2014)

sábado, 29 de marzo de 2014

BLACK MATH HORSEMAN


No hay derecho, prácticamente los acabo de descubrir y me entero de que Black Math Horseman se separaron el pasado año sin haber grabado la continuación de uno de los álbumes que ahora mismo me tienen más enganchado: el estupendo “Wyllt”, un debut que tuvo lugar en 2009 parece ser que con el propósito de ser el primero de una trilogía… pero que al final se ha quedado sólo en eso, en un único disco, un disco tan bueno y prometedor que, visto lo visto, le deja a uno con un amargo sabor de boca y preguntándose cómo hubiera continuado la historia… En fin, aceptemos las cosas cuanto antes y conformémonos con lo que hay… ¿Y qué es lo que hay? Pues un conjunto de canciones de sonido hipnótico y atmosférico a caballo entre el doom más pausado y ambiental, el stoner y la psicodelia que, a través de sus efectivos pero nunca excesivamente largos desarrollos instrumentales, y especialmente de la voz sinuosa de su líder y bajista, Sera Timms, una voz que parece llegar directamente del mundo de los sueños, sumergen al oyente en un viaje casi onírico y envuelto de misterio del que resulta difícil apearse antes de tiempo. Por suerte o por desgracia el tiempo es corto: seis canciones que no llegan a los 40 minutos, pese a que la última supera los 11… Quién sabe, quizá era esta la duración justa y precisa para lograr el efecto deseado: atrapar al oyente y no soltarlo hasta el final… Aunque luego uno se quede pensando en segundas y terceras partes que nunca llegarán. En fin, os dejo con el último tema, una canción en la que la poderosa voz de Sera Timms abandona por momentos el tono sosegado y misterioso que mantiene a lo largo del disco para regalarnos destellos de su faceta más furiosa y salvaje… e igualmente cautivadora: “Bird Of All Faiths And None”… 



Bien, si alguien más aparte de mí se ha quedado prendado de este sonido y en especial de la voz de Sera Timms (¿por qué no?) que sepa que por ahí se anuncia un próximo proyecto en solitario de la cantante (líder también de Ides Of Gemini) del que de momento sólo se sabe el nombre: Black Mare… Todo muy misterioso… Ya veremos…

Canción:
"Bird Of All Faiths And None" - Black Math Horseman (Wyllt, 2009)

miércoles, 26 de marzo de 2014

SOMERSAULT




Canción:
"Somersault" - Nothing (Guilty Of Everything, 2014)

viernes, 21 de marzo de 2014

MIRÁNDOSE LOS PIES


Quizá algunos recuerden aquellas bandas surgidas a finales de los años ochenta y primera mitad de los noventa, que mantenían sobre el escenario una actitud ensimismada y aparentemente ajena a la existencia de esa cosa llamada público, permaneciendo de esta manera casi inmóviles y concentrados únicamente en la música que estaban tocando. Esa actitud como de estar casi permanentemente mirándose los pies sobre el escenario hizo que la prensa musical inglesa denominara a ese movimiento y al sonido distintivo de esas bandas shoegaze o shoegazing. Estilísticamente se caracterizaban por usar guitarras fuertemente distorsionadas y con múltiples efectos de pedal (lo que aumentaba la sensación de que a lo único que se dedicaban era a mirarse los pies), y por unas voces cargadas de sentido de la melodía (lo que emparentaba a algunas de esas bandas con el dream pop) que sonaban sin embargo a un volumen más bajo de lo habitual, casi como si se tratara de un instrumento más al que no había que dar mayor protagonismo. El ejemplo más paradigmático quizá sea el de My Bloody Valantine, a quienes nunca he terminado de pillar el punto, por cierto, y junto a ellos bandas como Ride, Lush, Slowdive e incluso ciertos momentos de Galaxie 500. Pese a que ese movimiento como tal no tardó en desaparecer ante el empuje de propuestas como las de Seattle o el denominado BritPop, no faltaron desde entonces bandas que incorporaran a su estilo elementos de shoegaze (el cual ya bebía a su vez de otras influencias, como Sonic Youth o Jesus And Mary Chain), en este sentido podemos citar a The Raveonettes, M83, The Horrors o los imprescindibles Deerhunter, por poner algunos ejemplos, que en mayor o menor medida han venido incorporando esos elementos a su música. Y así hasta llegar a la presente década, en que el shoegaze parece estar viviendo un resurgir de la mano de un buen puñado de nuevas bandas que poco a poco lo están volviendo a convertir en moda o en movimiento. 

Y ahí es donde entro yo, porque, pese a tanto rollo, lo cierto es que en su momento apenas presté alguna atención a esa primera oleada de shoegaze y las bandas que lo practicaban (recuerdo haber comprado un disco de Ride cuyo título he olvidado y que Slowdive, pobre de mí, bestia ignorante, en aquel entonces me parecían sosos y aburridos), y no ha sido hasta muchos años después que he empezado a interesarme verdaderamente por algunas de aquellas bandas. En ello, además de la recomendación de algún amigo, ha tenido mucho que ver la cantidad de nuevas bandas que están retomando y actualizando ese sonido. Es a algunas de estas nuevas bandas que, ahora sí, suenan en mi reproductor, a las que quiero dedicar esta entrada. Vamos pues, con el shoegazing de nuevo cuño, o lo que es lo mismo: los viejos parámetros de muro de distorsión, fuerte sentido de la melodía y espíritu indie, en manos de las nuevas generaciones. Estas son algunas de esas bandas: 

Deafheaven: Han salido varias veces en el blog en los últimos meses, pero no me canso de ponerlos. Su utilización del shoegaze para adentrarse en los territorios del black y del post metal, hace de ellos la propuesta más dura, pero quizá también la más interesante. Si no puedes con el metal extremo, mejor ahórrate su escucha y pasa a la siguiente banda. 



Whirr: Una preciosa combinación de dream pop y shoegaze de sonido etéreo y melancólico. Melodías delicadas y angelicales, uso minimalista de la electrónica y guitarras distorsionadas y llenas de efectos. 



True Widow: El shoegaze y el post punk se dan la mano para crear un sonido de oscuridad casi gótica. Una de las propuestas más reconocibles y diferenciadas dentro este nuevo resurgir del género. Hipnóticos. 



Nothing: Quizá sea la propuesta más equilibrada y accesible. Canciones perfectas de melodías esplendorosas que te hacen levitar entre muros de efectos y distorsión. La esencia del género. Un valor seguro y quizá uno de los discos del año.



Canciones: 
1. “Violet” – Deafheaven (Roads To Judah, 2011) 
2. “Wait” – Whirr (Pipe Dreams, 2012) 
3. “Four Teeth” – True Widow (Circumambulation, 2013) 
4. “Guilty Of Everything” – Nothing (Guilty Of Everything, 2014)

martes, 18 de marzo de 2014

AGALLOCH - THE MANTLE (2002)



Oscuridad en lo profundo del bosque… 



… y belleza, mucha belleza. 

Si has pulsado play, al tiempo que estás leyendo estas líneas estás escuchando también “A Celebration For The Death Of Man…”, una breve pero épica canción instrumental de tambores casi ceremoniales, cristalinas guitarras acústicas y riff eléctrico contenido que, a modo de perfecta intro, abre “The Mantle”, el genial disco publicado en 2002 por la banda de Oregon, Agalloch. Si pudieras seguir escuchando (cosa que de momento no sucederá), te encontrarías con “In The Shadow Of Our Pale Companion”, una monumental pieza de casi quince minutos en la que la banda despliega todo su arsenal sonoro y nos descubre todas sus virtudes, a modo de perfecta definición del sonido que les caracteriza: una atmosférica y cautivadora combinación de influencias que van desde el folk (querencia que se mantiene imponente a lo largo de todo el disco) hasta el black metal, pasando por el progresivo, el post rock o incluso el pop; y que sonoramente se traduce en protagonismo de las guitarras acústicas de esplendoroso sonido, guitarras eléctricas mantenidas casi siempre en un segundo plano, voces guturales casi susurradas y limpias cargadas de melodía, eco y profundidad y una atmósfera oscura y envolvente que parece provenir de las mismas entrañas de la tierra. Y con todos esos parámetros continúan desarrollándose para nuestra gran suerte el resto de canciones del disco, y así, “Odal” es otra canción instrumental hermosa y etérea que se adentra en los terrenos del metal progresivo y en la que uno goza especialmente de la atmósfera de misterio y melancolía que transmite… Sus últimas y preciosas notas de piano seguidas por el sonido del viento cargado de lamentos preceden a la primera verdadera descarga de black metal del disco, “I Am The Wooden Doors”, en la que la batería, el doble bajo y los trémulos riffs eléctricos propios del género asumen el protagonismo desde el comienzo… pero es un black metal de death growls susurrados, de solos acústicos de guitarra y de ciertas reminiscencias de música medieval, a las que se suman además en su sección central unas voces limpias que invocan la toda magia de la melodía. Después de la tempestad llega la calma, y ésta se encuentra en “The Lodge”... suenan pasos sobre la nieve o sobre la hojarasca en busca de refugio, y éste llega en forma de rasgar de guitarras acústicas en el inicio de una canción sosegada, atmosférica y evocadora donde las haya en la que el contrabajo y el sintetizador llevan el peso junto con las citadas guitarras acústicas. “You Were But A Ghost In My Arms” nos devuelve a los riffs endurecidos y las voces guturales en una composición de black metal cargada sin embargo de melodía y melancolía, en la que para mí, el verdadero protagonismo reside a pesar de todo en unas voces limpias que tienen la profundidad y cadencia de unos cantos gregorianos, una especie de gregoriano duro que atrapa e hipnotiza desde el primer momento. Una verdadera gozada de canción, dura y melódica a un tiempo, que cede paso al cuarto tema instrumental del disco, “The Hawthrone Passage”, una canción oscura como todo este trabajo que sin embargo, a mi modo de ver, muestra la cara más pop de la banda, con una primera parte en la que en ciertos momentos (algunos me crucificarían si leyeran esto) incluso llegan a recordarme a The Cure y una segunda parte que crece en intensidad y en la que se me parecen a una banda indie de guitarras de los años noventa (aunque con trombón en su sección final incluido)… en cualquier caso una delicia de canción. Y llegamos así a “… And The Great Cold Death Of The Earth” una verdadera joya, una gloria de voces, de instrumentación y de composición, que retoma y desarrolla el motivo de la canción que abre el disco, de la que parece continuación, llevándolo a una explosión de duelo y melancolía que emociona y encoge con su oscura belleza el corazón del oyente… Y tras el duelo… tras el duelo sólo queda ya recorrer con serenidad el triste y resignado camino de la desolación, confortándonos y consolándonos con la belleza que aún perdura y con el recuerdo de la que alguna vez fue, llegando así, de la mano de unas voces susurradas, de la guitarra acústica, del acordeón y la mandolina de “A Desolation Song”, al final de este disco cautivador y envolvente, atmosférico y poderoso, triste y hermoso, de loas y lamentos por una naturaleza herida de muerte, pero aún viva, aún poderosa y portentosa.

Y, ahora sí, terminemos lo que habíamos empezado.

... And the great cold death of the earth