jueves, 28 de enero de 2010

BUCEANDO EN... 1967

Lo advierto: paz, amor y psicodelia; hedonismo y experimentación. Es lo que tenemos hoy aquí.

Hace algún tiempo me entretuve un buen rato leyendo la estupenda página de discos recomendados de la web de AlohaPopRock, y recuerdo que me llamó la atención comprobar que una buena parte de esos discos habían sido facturados en 1967. Esto despertó mi curiosidad por conocer un poco más la escena musical de ese año. Siempre había escuchado que 1967 fue un año muy especial en la historia del rock, en el que se abrieron multitud de corrientes y estilos que fueron como el germen de todo lo que vino después. Eran los años del “peace & love” y el punto álgido de la psicodelia y la experimentación (léase LSD). Sin embargo al sumergirme un poco más me di cuenta de que no era realmente consciente de la verdadera, de la inmensa magnitud de lo que se produjo ese año. En estas fechas en que estamos ahora, tan propicias para presentar listas de lo mejor del año e incluso de la década, me ha chocado comprobar que no son muchas las cosas las publicadas en los últimos 30 años que se puedan considerar a la altura de lo que se facturó únicamente en 1967. En ese año hay trabajos de las bandas más grandes, y no cualquier trabajo sino auténticas palabras mayores. Por citar solo a los más conocidos, podemos encontrar discos de los Stones, Beatles, Byrds, Doors, Cream, Buffalo Springfield, Jimi Hendrix, Who, Moody Blues, Pink Floyd, Kinks, Hollies, Small Faces, Jefferson Airplane, Traffic, Love (maravilloso “Forever Changes”)… incluso muchas de estas bandas no se conformaron con publicar un solo disco, sino que publicaron dos, y la mayoría de ellos sobresalientes. Sin embargo y con todo eso, lo que más me sorprendió fue la cantidad de nombres que yo ni siquiera conocía y que ese año sacaron discos tremendos. Nombres como Moby Grape, Kaleidoscope, Sagitarius, The Red Crayola, Fapardokly (parece que su único disco, de mismo nombre, es uno de los más buscados, deseados y cotizados por los coleccionistas), y más… El caso es que he tratado de conocer y profundizar un poco en alguna de estas bandas y me he encontrado con auténticas joyas, con auténticas gemas que no puedo resistir la tentación de compartir con quienes lean esto. No voy a molestarme en hablar y dar datos sobre cada banda, para eso basta ir a la Wikipedia. Además, estoy seguro de que más de uno (y de dos) de los bloggeros que hay por aquí conocerán a varias de estas bandas. Por mi parte, prefiero que la música hable por sí sola, aunque me he tomado la libertad de incluir un pequeño extracto de la reseña que en AlohaPopRock se hace de estos discos (y espero no estar cometiendo ninguna ilegalidad). Ahí van 3 bandas (y quizá más adelante ponga otras):

Sagittarius – “Present Tense” (1967): “Lo que transmite este disco es esa sensación 60’s tan placentera de sentirte”. “Una maravilla del sunshine pop que crece y crece con cada nueva escucha y que nace solamente con un objetivo: buscar la belleza en su forma y en su contenido”. Amén.



West Coast Pop Art Experimental Band – “Part One” (1967):Fenomenal disco psicodélico [...] de evocativa lírica y tono ensoñador, melodías y armonías hipnóticas, ritmos con asombrosas y extraviadas guitarras, cortes folk-rock byrdsiano o lisergia experimental traspasada con apariencias de vals”. A ver.



The Red Crayola – “The Parable Of Arable Land” (1967): “Lo que para muchos fue la frialdad histérica de la New Wave neoyorquina, la depresión malsana del dark, el espíritu improvisativo del supuesto post-rock y la saturación del noise, alguna vez partieron del mismo émbolo llamado Red Crayola”. Este disco es una locura, he puesto lo más asequible.

lunes, 25 de enero de 2010

LOS BEATLES Y YO

Mediados de los 70. Un niño de entre 6 y 8 años le pregunta a su padre:
- Papá ¿Quiénes eran los Beatles?
- Unos melenudos que gritaban mucho.

Esa respuesta dejó algo desconcertado al pobre niño pues, por los comentarios que había ido captando aquí y allá, pensaba que iba a recibir una respuesta muy diferente, o cuando menos un poco más larga y un poco menos expeditiva. Pero en fin, esa es la respuesta que le dieron, y como a esas edades lo que dicen los papás todavía se suele tener muy en cuenta (por lo menos en aquellos tiempos así era…) el pobre chaval se quedó con la copla un tiempo más, hasta que por fin alguien le hizo el favor de ponérselos (es posible que un tío suyo, en el coche). Entonces el golpe fue más grande, porque el niño comenzó a sospechar muy preocupado que el conocimiento y la sensibilidad musical de su progenitor eran, cuando menos, inexistentes. Y ya se sabe que a esas edades los inocentes niños suelen creer que sus padres lo saben todo (por lo menos en aquellos tiempos así era…).

En fin, seguro que ese niño, que soy yo, ha heredado cosas buenas de su padre, pero afortunadamente esa “sensibilidad” no ha sido una de ellas. Y este es el primer recuerdo consciente que tengo sobre los Beatles.

Superado ese pequeño trauma (aunque no olvidado), comencé a disfrutarlos cada vez con más entusiasmo hasta que en 1979 salió esto:



Y evidentemente lo pedí como regalo. Recuerdo que lo escuchaba a todas horas y que me encantaba ponerlo al irme a dormir en un casete que tenía en el cabezal de la cama.

Pero ahora comienza lo embarazoso. Ya metidos en los 80, me compré los famosos y estupendos recopilatorios rojo y azul, de los cuales disfruté y he seguido disfrutando desde entonces. El problema es que me conformé con eso. Quiero decir que nunca tuve la curiosidad de indagar en sus discos de estudio, no sé porqué, pero me daba pereza y me conformaba con escuchar las 50 o 60 canciones que ha oído todo el mundo. Eso es algo que nunca me ocurrió con los Stones por ejemplo, de quienes no tengo ningún recopilatorio y sí muchos de sus trabajos de estudio. En general no me gustan los recopilatorios, y si me gusta un artista quiero tener sus discos. Y sin embargo, con el que se supone que es el mejor grupo de la historia, me daba pereza. Mi mujer me contó una vez que un tío suyo (más o menos por la época en que a mi me sucedió lo de mi padre) una vez le dijo – Los Beatles se escuchan de cintura para arriba y los Stones de cintura para abajo – (suerte de tener un tío que a esa edad le suelte este tipo de comentarios). El caso es que quizá fuera por eso lo de la pereza, quizá intuía que profundizar más en los de Liverpool requería cierto esfuerzo intelectual que yo no estaba dispuesto a realizar, y que no era tan necesario por ejemplo con los Stones. No lo sé, lo más probable es que sea una tontería, pero el caso es que hasta hace relativamente poco me ha seguido dando pereza.

Eso es algo de lo que en el fondo siempre me he sentido avergonzado y siempre, hasta hace bien poco, he tenido clavada esa espinita de no haber comprado un disco de estudio de los Beatles.

En fin, que he llegado hasta aquí y he soltado todo este rollo (y lo siento si he aburrido hasta al apuntador) para decir que la semana pasada ¡¡¡Me quité la espinita!!!

En efecto, aprovechando la famosa reedición remasterizada me compré esto:



Y ahora, además de poder dormir un poco más tranquilo, también lo hago mucho más aliviado, porque los tres me han parecido soberbios, magníficos, estupendos de principio a fin. Geniales. Quizá era este y no otro el momento de hacerlo, quien sabe...
Incluso puede que algún día me decida a seguir con el Album Blanco.
Aunque ese día de momento puede esperar…

domingo, 24 de enero de 2010

¡BIEN POR SONIC YOUTH!

Aunque dentro de un tiempo tenía pensado comentar el “Dirty”, no pensaba hablar tan pronto de Sonic Youth. Sin embargo no he podido resistir la tentación de hacerlo después del concierto que el pasado sábado tuve la suerte de ver en La2 (¡Bien por La2!). Y digo suerte, primero porque fue de casualidad (nunca veo la tele), y segundo porque fue estupendo. Y es que por lo que se pudo ver, estos tipos siguen en plena forma, no sólo en el estudio sino también sobre un escenario. Fue un gustazo ver como estos veteranos que en su día fueron pioneros siguen fieles al sonido que les hizo grandes, sonando alternativos de pies a cabeza, y encima con toda la fuerza, la energía y la estupenda presencia sobre las tablas que demostraron el otro día.

Y ya que estamos en ello también aprovecho la ocasión para recomendar “The Eternal”, su magnífico trabajo de 2009, en el que demuestran siguen siendo un ejemplo a tener en cuenta (quien lo diría a estas alturas) para todas las bandas jóvenes que pretendan seguir los caminos de rock alternativo.
Así que ¡Bien por Sonic Youth!



martes, 19 de enero de 2010

THE CULT - "ELECTRIC" (1987)


Barcelona, 1988. En un colegio mayor. Un colega entra en la habitación ¿Conoces a The Cult? ¿A quién, a The Cure? No, The Cult. Pues no. Un momento. El tipo abre mi radiocasete y mete una cinta… “Wild Flower”, “Peace Dog”, Lil’ Devil”…No sigas ¿Cómo coño existe este puto disco y no está en mi poder? Fue dicho y hecho. Y encima se marcan una versión acojonante del “Born To Be Wild” ¿Se puede pedir más?

Lo demás ya se sabe. Aluciné con ese potente sonido macarra y ‘hard roquero’ y flipé con la voz de Ian Astbury y con los solos de un Billy Duffy metido a guitar hero. Un tiempo después, hablando con un tipo más bien gótico, me dijo que en su opinión “Electric” y “Sonic Temple” eran los peores discos de The Cult. Sin duda estábamos en una onda muy diferente.


domingo, 17 de enero de 2010

ERIC CLAPTON - "JUST ONE NIGHT" (1980)


Un día muy lejano en que fui a “jugar” a casa de mis primos, Carlos me sacó entusiasmado un doble vinilo de un tal Eric Clapton. Al parecer el tipo era un genio de las seis cuerdas y para acreditarlo me contó la leyenda del “Clapton is God”, y me habló de su apodo, “Slowhand”. Como es lógico yo quedé verdaderamente impresionado y con muchas ganas de comenzar a escuchar a ese tal Clapton. El disco en cuestión era de un concierto que el hombre había dado en Japón (sinceramente, aunque esto no se lo dije a Carlos, creo que esto último es lo que terminó de convencerme de que el tipo debía ser muy bueno, ya que tiempo antes ya me había dejado K.O. con el “Made In Japan” de los Purple, así que pensé que si este tío también se había ido Japón no podía ser un cualquiera). En fin, que llegó la hora dejar que la aguja cayera por fin sobre uno de los cortes y el tema elegido, previo aleccionamiento sobre lo transgresor del título y sobre cierta anécdota que a ese Clapton le había ocurrido en Australia interpretándolo, fue el “Cocaine” de J.J. Cale, a quien yo tampoco conocía. El tema me entusiasmó y recuerdo que nos reímos mucho con el guiño oriental que le dio en el punteo al solo de guitarra. Y así fui descubriendo y entusiasmándome con un tema tras otro (“Tulsa Time”, “Lay Dawn Sally”, “Wonderfull Tonight”, “After Midnight”, “Blues Power”…). Gracias a este disco comencé a ser consciente de algunas de las cosas que se podían hacer con una guitarra eléctrica, aprendí a notar la presencia de cada instrumento por separado, descubrí lo que era un wah wah, escuché por primera vez la palabra “punteo”, y por sobre todas las cosas, comencé a amar el blues y descubrí y comencé a gozar de una leyenda viva del rock llamada Eric Clapton. ¡Ah! y descubrí a J.J. Cale.

Evidentemente lo primero que hice al llegar a mi casa aquel día fue ordenarle a mi madre que me grabara ese vinilo inmediatamente (y así lo hizo), mientras rezaba para que me cayeran algunas propinillas que me permitieran adquirirlo en la tienda (y así lo hice).

sábado, 16 de enero de 2010

THE JESUS AND MARY CHAIN - "AUTOMATIC" (1989)


Hace ya muchos años un amigo que sabe de esto mucho más que yo me comentaba que "Psichocandy" (1986) era para él el mejor y más importante disco de The Jesus And Mary Chain, ya que introdujo de manera magistral ese inconfundible sonido del que tantas bandas son deudoras y sus guitarras quizá nunca volvieron a sonar tan afiladas, cortantes y metálicas como en esos cortes. Estoy de acuerdo. Añado también que "Darklands" (1987) es un delicioso pastel pop con ecos velvetianos y olas sobre las que surfear a la puesta de sol. Pero esta entrada lleva la etiqueta "Discos (de mi vida)", y por esa coletilla está aquí "Automatic" (1989), un disco cuya fuerza me deslumbró desde que empecé a escuchar los primeros compases de "Here Comes Alice" y que llevé conmigo a todas partes durante mucho tiempo. "Automatic" entró en mi tocadiscos como un siniestro torbellino de ritmo imparable y fui debidamente arrollado por él. "Coast To Coast", "Blues From A Gun", "Her Way Of Praying", "Gimme Hell", punk, surf, indie, noise... ROCK. Gran disco de una banda para la que guardo un lugar especial en mi corazón.




lunes, 4 de enero de 2010

TRES CANCIONES (DE CINE)

Aparte de la música, otra de mis pasiones es el cine. En esta pequeña entrada voy a darme el gustazo de compaginar ambas pasiones: tres maravillosos actores interpretando tres maravillosas canciones para dar lugar a tres momentos sublimes de la historia del cine.

"Somewhere Over The Rainbow" - Judy Garland: Escuché que hace poco en una encuesta realizada en Estados Unidos esta fue elegida por la población como la canción más hermosa jamás compuesta. No voy a ser yo quien lo discuta. Maravilloso "El Mago De Oz", maravillosa Judy Garland e hipermegamaravilloso este tema.

"Moon River" - Audrey Hepburn: Este maravilloso (se me va a agotar el adjetivo) tema de Henry Mancini ha sido interpretado por los más grandes (Sinatra, Armstorng, Streisand...), pero que queréis que os diga, yo me quedo con la interpretación de ese ángel llamado Audrey Hepburn en la película "Breakfast At Tiffany's" (o "Desayuno Con Diamantes"). Para soñar...

"Wandering Star" - Lee Marvin: Y de un ángel a un duro de los que hacen época, el grandísimo Lee Marvin demostrando que incluso éstos tienen su corazoncito en esa hermosa película llamada "La Leyenda De La Ciudad Sin Nombre", junto a un jovencísimo (y futuro "duro") Clint Eastwood. Chocante y hermoso.